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lunes, 23 de julio de 2012

El poeta olvidado



Apuntes para una critica de la razón poética - Mario Trejo


Digamos, por ejemplo:
por un punto dado por fuera de la luna
solo podrá trazarse a dicha luna
una perpendicular y solo una.

O también: llámese barroco a todo aquel
para quien la distancia menor
entre dos puntos
es la curva.

Proposición:
pasar de la poética de la moral
a la moral poética.

Ejemplo:
de dos peligros debe cuidarse el hombre nuevo:
de la derecha cuando es diestra
de la izquierda cuando es siniestra.

En resumen:
más vale ser cabeza de león
que cola de ratón.

El mejor modo de esperar es ir
al encuentro

viernes, 18 de mayo de 2012

Recordando a Paco


Dame la mano

Cuando arda el amor,
no estaré a tu lado,
estaré lejos.

Será por cobardia,
Por no sufrir,
Por no reconocer que no supe
Cambiar todo esto.

Arderá el amor,
arderá su memoria
hasta que todo sea como lo soñamos
como en realidad pudo haber sido.

Pero ya estaré lejos.
Será tarde para lamentos
y nadie podrá todavía asombrarse
de lo que tiene.

Antes que nada, antes
de sospechar,
vivamos esto, que más no sea, y que
por ahí es demasiado.

Vivir, sin
que nadie admita; abrir el fuego
hasta que el amor, rezongando, arda
como si entrara en el porvenir.

Francisco “Paco” Urondo.

domingo, 1 de abril de 2012

Oliverio




Llorar a lágrima viva

Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo. 

Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma,
la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto. 

Asistir a los cursos de antropología, 
llorando.
Festejar los cumpleaños familiares,
llorando.
Atravesar el África,
llorando. 

Llorar como un cacuy,
como un cocodrilo...
si es verdad 
que los cacuyes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar. 


Llorarlo todo,
pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz,
con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo,
por la boca. 

Llorar de amor,
de hastío,
de alegría.
Llorar de frac,
de flato, de flacura.
Llorar improvisando,
de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día! 


Oliverio Girondo. 


viernes, 9 de diciembre de 2011

Violeta se fue a los cielos

Sus coplas aun danzan por toda la cordillera de Los Andes. Hay quienes aseguran que aun se escuchan en los días de lluvia, pegado al corredor andino, letras de su pertenencia. Su música resuena en los barrios más humildes, donde bailan los más pobres, los que nada tienen en el Chile descarnado. Es la voz de los olvidados, que con ritmo de folklore los ha recordado. Son las estrofas recopiladas en cada uno de los barrios populares, en el campo, en los asentamientos. Es el intento de componer para todos aquellos a los cuales se les niega sistemáticamente la palabra.
Ella no es solo un color. Es el emergente de dos culturas. Hija de madre aborigen y de padre blanco. Poseedora de una raigambre popular que no traicionó ni aun en sus momentos de mayor esplendor. Ferviente amiga de Pablo Neruda, apasionada amante de cuanto hombre se enamoro. Escultora, pintora, bordadora. En definitiva, artista.
El titulo de la última película de Andrés Wood, tal vez sea el que mejor la representa. Ahí, como siempre, en constante trayecto hacia el cielo.


-¿Qué consejo les daría a los jóvenes creadores Violeta?
-Tal vez les diría que escriban como quieran. Que usen los ritmos que les salgan. Que prueben instrumentos diversos. Que se sienten en el piano y que destruyan la métrica. Que griten en vez de cantar. Que doble la guitarra y taña la trompeta, que odien las matemáticas y amen los remolinos. La creación es un pájaro sin plan de vuelos que jamás volará en línea recta.

“Violeta se fue a los cielos”, de Andrés Wood 

martes, 1 de noviembre de 2011

En esta noche en este mundo


Sentada en el fondo de un lago.
He perdido la sombra,
no los deseos de ser, de perder.
Está sola con sus imágenes.
Vestida de rojo, no mira.

¿Quién ha llegado a este lugar
al que siempre nadie llega?
El señor de las muertes de rojo.
El enmascarado por su cara sin rostro.
El que llego en su busca la lleva sin él.

Vestida de negro, ella mira.
La que no supo morirse de amor y por eso nada aprendió.
Ella esta triste porque no está.


Alejandra Pizarnik



sábado, 30 de julio de 2011

Lugares Comunes



...Lili dijo que uno sabe pero se olvida de que sabe, esa es la manera de convivir con la lucidez, pero la cosa se complica cuando uno no se puede olvidar. El despertar de la lucidez puede no suceder nunca pero cuando llega, si llega, no hay modo de evitarlo y cuando llega se queda para siempre. Cuando se percibe el absurdo, el sinsentido de la vida, se percibe también que no hay metas y que no hay progreso. Se entiende, aunque no se lo quiere aceptar, que la vida nace con la muerte adosada. Que la vida y la muerte no son consecutivas sino simultáneas e inseparables. Si uno puede conservar la cordura y cumplir con normas y rutinas en las que no cree, es porque la lucidez nos hace ver que la vida es tan banal que no se puede vivir como una tragedia.

(…)

La lucidez es un don y es un castigo. Está todo en la palabra. Lúcido viene de Lucifer, el arcángel rebelde, el demonio. Pero también se llama Lucifer el lucero del alba, la primera estrella, la más brillante, la última en apagarse. Lúcido viene de Lucifer y Lucifer viene de Luz y de Fergus, que quiere decir el que tiene luz, el que genera luz, el que trae la luz que permite la visión interior: el bien y el mal, todo junto, el placer y el dolor. La lucidez es dolor y el único placer que uno puede conocer, lo único que se parecerá remotamente a la alegría será el placer de ser consciente de la propia lucidez. El silencio de la comprensión, el silencio del mero estar. En esto se van los años. En esto se fue la bella alegría animal.

(…)

El lúcido puede seguir viviendo mientras conserve el instinto de la especie, el impulso vital. Es muy posible que con los años esa fuerza instintiva y oscura se pierda Es necesario entonces apelar a algo parecido a la fe, hay que inventarse un motivo, una meta que nos permita reemplazar el impulso animal que se ha perdido por una voluntad fríamente racional. Pero esa voluntad es un motor muy difícil de mantener. De repente sin motivo se va, se apaga, desaparece. Es entonces cuando se sigue o no se sigue. Se puede o no se puede. Y si no se puede no hay culpa. No importa el amor de los otros, ni el amor que uno siente por ellos. Si uno no sigue, todo sigue sin uno y sigue igual. Todo pasa, la ausencia pasa. Se conoce la muerte antes de morir. Es un final antiguo, rutinario y común, es un final deseado que se espera sin temor porque uno lo ha vivido ya muchas veces. Todo da igual."

"Lugares comunes", Adolfo Aristarain 
basado en la novela “El renacimiento” de Lorenzo F. Aristarain